diumenge, 13 de desembre del 2009

El recuerdo del navegante.

"El ángel caído engañó a Dios posiblemente porque quiso estar solo, soledad que no conocen los ángeles"
Al mar, lanzo esta frase al inmenso mar, con la sensación de no volver a encontrarla. He decidido no marcar frases en ningún libro, las hojas dobladas ya no me servirán de coordenadas para localizarlas y así perdurarán, perdidas, a la deriva, no sabré en que mar, en que libro navegan.
Quedará sólo en mi recuerdo de lo leído, pinceladas de pensamientos que al pasar por el filtro de mis limitaciones, reproduciré distorsionados, pero no quedaran las frases que me hicieron llegar a razonamientos vitales.
Leer, olvidar, cambiar, o quizás recordar también, no importa cuando se ha tomado una decisión tan desvastadora. Lo que has leído te cambiará aunque no lo recuerdes, como se moldea con los años un instrumento de cuerda al ser tocado por la música que resuena en su interior, expandiendo y modificando piececillas que componen su resonancia.
Fui acusado de escribir mi biografía en cada libro leído, de dibujar un mapa cartográfico de mis sensaciones y sentimientos, localizaciones concretas de tesoros escondidos.
Por supuesto, lo negué. ¿A quién podemos permitir que mire en nuestro interior? Que por una brecha abierta en tu pecho, alguien pueda tocar, mancillar tus órganos con sus sucios dedos.
Aún así tengo mis métodos de contención, aunque el agua literaria se me escape de las manos, algunos recuerdos exactos quedarán estancos, sin fisuras. Construiré una presa y una esclusa, para navegar en soledad. Memorizaré párrafos enteros, números de páginas donde encontrar a mis compañeros deseados de viaje. Recordaré comienzos de libros, pues estos son fáciles de encontrar.
"A la mitad del viaje de nuestra vida me encontré en una selva oscura."
Las huellas del camino recorrido terminarán aquí, y poco a poco iré borrando las de la senda ya andada.
Ya no podrás volver a acusarme, desconfiada, para ti ahora leo, pero no verás qué siento. Me has condenado a leer repentinamente lo mismo, para así poder recordarlo.
Por siempre erraré en un barco entre brumas al que llamaré El recuerdo del navegante.
* * *
El recuerdo del navegante.
El poder de la lectura. El poder d'endinsar-se en un mar de paraules. El poder d'aprendre i ser educat. El poder d'evolucionar, de sentir... de pensar. Simplement, increible. Vaig trobant aquest text de tant en tant... en tots aquells moments que trec la pols a les capses de records.

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